
En las primeras horas del jueves 13 de noviembre, la Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) realizaron múltiples ataques aéreos y bombardeos hacia localidades del sur del Líbano, en particular al área de Khanouq en el pueblo de Aitaroun, donde se lanzaron al menos dos misiles, y a los alrededores occidentales de Tarfalsieh (distrito de Tiro). Los bombardeos fueron precedidos por intensos disparos de la noche anterior, que impactaron localidades como Meiss El Jabal, Houla y la zona cercana a la posición militar de Beit Yaron en Blida. De acuerdo con la IDF, los objetivos eran “infraestructura militar” vinculada a la milicia Hezbolá, incluyendo depósitos de armas ubicados en zonas densamente pobladas, lo cual constituiría una “violación al acuerdo de cese de hostilidades”. Además, Líbano se encuentra en búsqueda de apoyo militar europeo ante el retiro de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas (cascos azules) del territorio, tal como mencionó el presidente libanés Joseph Aoun:
“El apoyo discursivo no es suficiente para que el ejército libanés desempeñe plenamente su papel; necesita equipos y mecanismos militares”
Hace un año, en 2024, Líbano e Israel, con mediación internacional, alcanzaron un alto el fuego tras más de un año de combates directos entre Israel y Hezbolá. Uno de los acuerdos era que Hezbolá se replegaría al norte del río Litani y que Israel retiraría sus tropas de posiciones dentro del territorio libanés. Desde entonces, los ataques israelíes se han vuelto casi diarios y la implementación del acuerdo ha estado marcada por incumplimientos. Por lo que, el ataque del 13 de noviembre es uno de los más contundentes en las últimas semanas y pone de relieve la fragilidad del estatus de “no-guerra / no-paz” en que vive el sur libanés.
Consecuencias e implicaciones
- Humanitarias:
- Al menos 114 civiles murieron a causa de los ataques. Los impactos también incluyen evacuaciones, daños a infraestructura y un aumento del miedo y de los desplazamientos internos.
- Políticas y militares:
- Este nuevo episodio deteriora aún más la credibilidad del acuerdo de cese de hostilidades. Si Israel percibe que Hezbolá ignora los compromisos, puede intensificar la campaña. Para Líbano, se vuelve más difícil contener a Hezbolá sin provocar una guerra interna o perder control sobre el territorio.
- Geopolíticas:
- Una nueva escalada podría involucrar a actores regionales (Irán, Siria) o aumentar la tensión en la frontera norte de Israel. Así como retomar esfuerzos de mediación.
- Legales y de soberanía:
- La soberanía libanesa se ve afectada por la persistencia de ataques desde territorio libanés, la presencia de fuerzas de Hezbolá y la operación militar israelí dentro de su espacio. Esto se explica por la incapacidad del Estado libanés para ejercer control pleno sobre su territorio, la autonomía militar de Hezbolá como actor no estatal y los vacíos de seguridad en la frontera sur, por lo que, Israel argumenta su derecho de defensa ante amenazas reales o percibidas.
Aún así es crucial observar si Hezbolá responde con algún tipo de represalia que pueda reabrir el conflicto, si el gobierno libanés intenta cumplir estrictamente el acuerdo de alto el fuego, o si los mediadores internacionales consiguen frenar la escalada y reimpulsar negociaciones bajo supervisión de la UNIFIL. Lo que es claro, es que Israel continúa atacando a Líbano, Palestina y Siria sin importar a quien afecte mientras mantenga su supremacía regional e internacional.
